Nuevo buscador de semillas - Descubre tu variedad

By Luke Sumpter


Teniendo en cuenta que, para algunas personas, unas pocas caladas a un porro son suficientes para provocar un hambre voraz, parece lógico concluir que la marihuana estimula el apetito. Numerosas investigaciones también indican que la activación del sistema endocannabinoide (SEC) puede alterar las hormonas del hambre y provocar la ingesta de alimentos. Sin embargo, la relación entre el cannabis y el apetito sigue siendo compleja y llena de matices. Los diferentes cannabinoides tienen efectos diversos sobre el apetito, y el consumo de marihuana, ya sea puntual o habitual, afecta de forma única al hambre, al equilibrio energético y al metabolismo. A continuación, descubrirás la fisiología del apetito, cómo los distintos compuestos del cannabis afectan a esta respuesta, y si la marihuana puede ayudar a controlar las condiciones relacionadas con un mayor o menor deseo de ingerir calorías.

Cómo funciona el apetito

Sin apetito, no duraríamos mucho tiempo. Pero ¿qué es exactamente el apetito? ¿Cómo consigue nuestro cuerpo (una masa de 30 billones de células) convencernos de que debemos levantarnos y buscar comida? Todo se debe a la interacción homeostática entre determinadas zonas del cerebro, células de todo el cuerpo y las hormonas del hambre.

¿Te has saltado el desayuno hoy? Entonces, quizás hayas sentido cómo te rugen las tripas. Esa sensación de rugido se debe a la liberación de un compuesto químico llamado grelina, una hormona producida principalmente por las células especializadas que se encuentran en el estómago. La grelina cumple muchas funciones en el cuerpo, entre las que se incluyen la detección de nutrientes[1] y el apetito. Tras ser liberada, esta hormona entra en la circulación sistémica y se dirige al cerebro. Allí actúa sobre los receptores del hipotálamo, una glándula del cerebro encargada de controlar el sistema endocrino y regular el apetito y el consumo de alimentos.

El hipotálamo contiene dos grupos principales de células nerviosas que estimulan o suprimen el apetito. Uno de estos grupos libera proteínas que provocan hambre, conocidas como neuropéptido Y (NPY) y péptido relacionado con el agutí (AGRP). Y el otro grupo fabrica proteínas que quitan el hambre, conocidas como “transcripción regulada por cocaína y anfetamina” (CART) y “hormona estimulante de melanocitos” (αMSH). Cuando la grelina actúa en el hipotálamo, aumenta la actividad de las células nerviosas que liberan proteínas causantes del hambre, a la vez que disminuye la actividad de las que generan proteínas que reducen el hambre.

Esta cascada de acontecimientos parece compleja si tenemos en cuenta el funcionamiento interno de los sistemas endocrino y nervioso. Pero, visto desde fuera, implica que dejes un porro y busques una hamburguesa o unas golosinas. Sin embargo, la fisiología del hambre es mucho más que eso. Si recibiéramos un bombardeo constante de grelina, seguiríamos comiendo hasta que nos hiciéramos daño de verdad. Con el fin de lograr la homeostasis, las señales del estómago y de otros órganos empiezan a cambiar a medida que el estómago se llena. Los niveles de grelina empiezan a bajar. Además, la leptina de las células grasas, la colecistoquinina de la parte superior del intestino delgado, así como la amilina y la insulina del páncreas, influyen en el hipotálamo para inhibir la sensación de hambre.

Cómo funciona el apetito
  • Apetito y hambre

Aunque las palabras “apetito” y “hambre” a menudo se usan indistintamente, no significan lo mismo. El hambre se refiere a los procesos fisiológicos que regulan la alimentación homeostática; todas las cascadas de hormonas, proteínas y señalización del sistema nervioso. Dependemos de la alimentación homeostática para los procesos metabólicos básicos y para nuestra supervivencia.

En cambio, el apetito se refiere al deseo de comer. Aunque el apetito suele surgir del hambre, también depende de otras variables como el estrés, las emociones y los factores ambientales. En comparación con la alimentación homeostática, la alimentación hedónica[2] se refiere al consumo de alimentos en base a la percepción sensorial y el placer, aunque las necesidades metabólicas ya estén cubiertas. A menudo, la falta de apetito también se produce en personas sometidas a quimioterapia, o en quienes sufren trastornos alimentarios. A pesar de la llamada fisiológica del hambre, la reducción del apetito lleva a un menor consumo de alimentos, así como a la pérdida de peso y otros problemas.

El sistema endocannabinoide y el metabolismo

El SEC controla la homeostasis de muchos sistemas fisiológicos del cuerpo, incluidos los sistemas nervioso, esquelético e inmunitario. Y, como habrás adivinado, el SEC también desempeña un papel fundamental en el metabolismo y el equilibrio energético. Antes de profundizar en el grado de influencia del SEC sobre estos procesos químicos, veamos brevemente este sistema.

El SEC clásico tiene tres componentes principales: receptores, moléculas de señalización y enzimas. Entre ellos se encuentran el receptor cannabinoide 1 (CB1) y el receptor cannabinoide 2 (CB2), así como dos importantes moléculas de señalización llamadas anandamida y 2-AG (que son endocannabinoides), y varias enzimas que fabrican y descomponen estos endocannabinoides. No parece demasiado complicado, ¿verdad? Pero la cosa no acaba ahí.

Recientemente, los investigadores han ampliado el SEC a un modelo más extenso denominado endocannabinoidome[3], que incluye muchas más moléculas de señalización, 20 enzimas y más de 20 receptores. Juntos, estos componentes facilitan muchos procesos químicos que tienen lugar en el cuerpo y que forman parte del metabolismo humano. Los receptores del SEC están presentes en el tejido adiposo (grasa), el músculo, el hígado y el páncreas, y los endocannabinoides **se dirigen a estos sitios[4] para regular la homeostasis energética en todo el cuerpo.

  • Marihuana y alimentos: receptores CB1 y CB2

Dado que los fitocannabinoides (los cannabinoides derivados de las plantas) y los cannabinoides sintéticos comparten una estructura similar a los endocannabinoides, son capaces de unirse a los receptores del SEC y provocar cambios celulares y cascadas bioquímicas similares. Algo tan simple como alterar el SEC mediante estas moléculas tiene resultados distintos según cuáles se utilicen.

Como sabes, consumir THC provoca un aumento de apetito en la mayoría de gente. ¿Por qué? Porque este cannabinoide se une al receptor CB1 como agonista, lo que significa que aumenta la actividad de dicho receptor por encima de su nivel estándar. Sin embargo, aquí hay que tener en cuenta una cosa. Varios endocannabinoides presentes en el cuerpo también actúan sobre el CB1 como agonistas, dando lugar a una desregulación[5] del SEC que lleva a una sobreactivación, que podría provocar un apetito incesante y contribuir a estados como la obesidad.

Cuando los investigadores empezaron a considerar el CB1 como una diana prometedora para combatir la obesidad, se dedicaron a desarrollar fármacos que interactuaran con este receptor de forma diferente. Los agonistas inversos del CB1, como el fármaco Rimonabant[6], tienen el efecto contrario al THC, reduciendo la actividad del receptor por debajo de su nivel estándar. Aunque inicialmente este fármaco pareció tener éxito, fracasó debido a su mecanismo de dispersión. Al interferir con los receptores CB1, también alteró el estado de ánimo y muchos pacientes experimentaron efectos secundarios psiquiátricos, como pensamientos suicidas.

El receptor CB2 también influye en la ingesta de alimentos, pero de forma casi totalmente opuesta. En estudios realizados en ratones[7] se ha observado que los agonistas del CB2, como el ácido graso palmitoiletanolamida (abreviado como PEA), reducen el consumo de alimentos, mientras que el antagonista sintético del CB2 llamado AM 630 aumenta la ingesta de comida.

Cómo funciona el apetito

El cannabis y el apetito

Para la mayoría de gente, el hambre que provoca el cannabis (que a veces se conoce como “munchies") es una experiencia novedosa, hedonista y divertida. Sin embargo, para muchas personas, el potencial del cannabis para regular el apetito va mucho más allá del ámbito recreativo. A medida que avanzan las investigaciones en este campo, los compuestos del cannabis podrían ofrecer soluciones a quienes padecen afecciones como obesidad, trastornos alimentarios y los efectos secundarios de los medicamentos.

  • Obesidad

El caso del Rimonabant hizo que los investigadores se mostraran prudentes en cuanto a manipular el SEC con cannabinoides sintéticos. Pero la planta de cannabis tiene otros componentes naturales que también resultan prometedores en este ámbito. El THCV, o tetrahidrocannabivarina, no produce efectos psicoactivos (a diferencia del THC) debido a la forma en que interactúa con el CB1. Este análogo del THC puede actuar como agonista o antagonista del receptor, en función de la dosis. Se están realizando estudios en animales[8] para explorar la molécula como antagonista del receptor para ver cómo influye en el apetito, la pérdida de peso, la obesidad, la saciedad y la regulación del metabolismo energético.

  • Trastornos alimentarios

La capacidad del THC y otros agonistas del CB1 para aumentar el apetito hace que sean opciones esperanzadoras para el tratamiento de trastornos alimentarios, como la anorexia. Hasta la fecha, se han realizado pocos ensayos en humanos para explorar el cannabis en los diferentes trastornos alimentarios. Sin embargo, un estudio de 2017[9] analizó cómo el THC afecta a los síntomas psicológicos de la anorexia, incluida la depresión y la autopercepción de la imagen corporal. Además, un ensayo aleatorio realizado en humanos[10] administró diversos productos de cannabis a veinte participantes y buscó cambios en las principales hormonas del hambre, como la grelina y la leptina.

  • Reducción de los efectos secundarios de los fármacos

Algunos medicamentos también pueden provocar una pérdida de apetito como efecto secundario. Por ejemplo, la quimioterapia suele provocar fuertes náuseas y vómitos, y las largas estancias en el hospital pueden causar pérdida de masa muscular en los pacientes, especialmente en los ancianos. Ahora, los investigadores están explorando el potencial del cannabis[11] para aumentar el apetito, el peso corporal, la grasa corporal y la ingesta calórica en estos casos.

  • ¿Hay alguna diferencia entre comer, fumar o vaporizar marihuana?

¿Los diferentes métodos de consumo de cannabis afectan al apetito de forma distinta? Sin duda, inhalar e ingerir marihuana produce efectos diferentes. Al inhalar los cannabinoides, los efectos aparecen rápidamente y tienen un carácter psicoactivo menos intenso; en cambio, ingerir marihuana provoca efectos de mayor duración. La conversión del THC en 11-hidroxi-THC también da lugar a un efecto psicoactivo más potente. Todavía no se ha investigado qué método de consumo es más eficaz para aumentar el apetito, pero algunos estudios[12] están explorando el impacto de las diferentes vías de administración sobre las hormonas metabólicas, como la insulina y la grelina.

Cómo funciona el apetito

¿Y qué hay del CBD y el apetito?

Sabemos que el THC puede aumentar el apetito, pero ¿y el CBD? Aunque este cannabinoide no se une fuertemente al receptor CB1, podría influir en el apetito de otras maneras. Los estudios preliminares en animales sugieren que el CBD podría causar una reducción del peso corporal a través del receptor CB2[13]. Sin embargo, algunos testimonios (subjetivos) de personas sugieren que el CBD podría tener el efecto contrario, causando un aumento de peso y un mayor apetito[14].

¿Recuerdas que antes hemos mencionado el ácido graso PEA? Pues bien, así como el THC suele considerarse la versión externa de la anandamida, el PEA se considera el equivalente endógeno del CBD. Ambas moléculas interfieren con las enzimas del SEC[15] de tal modo que provocan un aumento de los niveles de anandamida, que es un endocannabinoide conocido por activar el CB1 y estimular potencialmente el apetito.

La complejidad del apetito, el cannabis y el SEC

Los compuestos del cannabis actúan de forma muy matizada en el cuerpo. Deben hacerlo así, ya que al fin y al cabo están retocando y manipulando un sistema regulador global e increíblemente complejo: el SEC. Los investigadores todavía están tratando de entender cómo ciertos cannabinoides afectan a diferentes partes del SEC que supervisan funciones metabólicas. Mientras que los compuestos de la planta, como el THC, tienen un impacto claro sobre el apetito, el consumo de cannabis a largo plazo está correlacionado con la pérdida de peso, lo cual complica aún más las cosas para quienes consumen cannabis con fines medicinales y desean estimular el apetito durante periodos prolongados.

En conclusión, es necesario realizar más investigaciones al respecto. Se necesitan ensayos exhaustivos en humanos para ver cómo los distintos cannabinoides, y las distintas fórmulas, afectan al apetito y al metabolismo. Por suerte, con la creciente aceptación y legalización del cannabis, estamos más cerca que nunca de averiguarlo.

Fuentes Externas
  1. Ghrelin: much more than a hunger hormone https://www.ncbi.nlm.nih.gov
  2. Overlapping Brain Circuits for Homeostatic and Hedonic Feeding https://www.cell.com
  3. The Expanded Endocannabinoid System/Endocannabinoidome as a Potential Target for Treating Diabetes Mellitus https://link.springer.com
  4. The role of the pancreatic endocannabinoid system in glucose metabolism https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  5. Dysregulation of the endocannabinoid system in obesity https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  6. Rimonabant https://go.drugbank.com
  7. Behavioral Effects of CB2 Cannabinoid Receptor Activation and Its Influence on Food and Alcohol Consumption https://nyaspubs.onlinelibrary.wiley.com
  8. Δ9-Tetrahydrocannabivarin (THCV) https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  9. The Impact of Δ9-THC on the Psychological Symptoms of Anorexia Nervosa: A Pilot Study https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  10. Effects of oral, smoked, and vaporized cannabis on endocrine pathways related to appetite and metabolism https://www.nature.com
  11. New Prospect for Cancer Cachexia: Medical Cannabinoid https://www.ncbi.nlm.nih.gov
  12. Effects of oral, smoked, and vaporized cannabis on endocrine pathways related to appetite and metabolism https://www.nature.com
  13. Cannabidiol decreases body weight gain in rats: involvement of CB2 receptors https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  14. A Cross-Sectional Study of Cannabidiol Users https://www.ncbi.nlm.nih.gov
  15. Palmitoylethanolamide inhibits the expression of fatty acid amide hydrolase and enhances the anti-proliferative effect of anandamide in human breast cancer cells. https://www.ncbi.nlm.nih.gov
Descargo de responsabilidad:
Este contenido está destinado únicamente a fines educativos. La información ofrecida procede de investigaciones recopiladas por fuentes externas.