La cultura del cannabis se está extendiendo y no se va a detener. La prohibición y la mala propaganda que rodeó a la marihuana durante el último siglo influenciaron las actitudes de la gente hacia lo que alguna vez fue aceptado como una planta inofensiva. A medida que nos adentramos en este siglo, muchos de los antiguos estigmas asociados a la marihuana están empezando a desaparecer. La ciencia moderna y las investigaciones médicas están demostrado que el cannabis es una de las plantas más versátiles del planeta. Sus aplicaciones prácticamente no tienen límites en ramas como la salud o la industria textil. En lo que respecta a su consumo recreativo, proporciona una experiencia divertida y segura cuya popularidad va en aumento.

No todos los países son tan valientes como Portugal para despenalizar las drogas. Sin embargo, muchos reconocen que la prohibición de la marihuana ha hecho más mal que bien. Una vez se da la legalización o despenalización del cannabis, se produce una reacción en cadena. El índice de delincuencia suele disminuir, las economías suben, y los consumidores ya no están obligados a recurrir al mercado negro. En zonas donde se ha permitido la venta comercial de marihuana, la afluencia de dinero ha ayudado a comprar libros de texto para niños y alimentos para las personas sin hogar. El cannabis ya está aceptado por gran parte de la población y los gobiernos de toda Europa se están empezando a dar cuenta de que la marihuana tiene potencial para implementar cambios positivos a gran escala.

CLUBES SOCIALES DE CANNABIS

Una de las últimas modas de la cultura europea del cannabis es la aparición de los clubes sociales privados. Los clubes privados de cannabis llevan existiendo algún tiempo, pero ahora están ganando popularidad. La pertenencia a un club de cannabis suele basarse en referencias, aunque también hay otras restricciones como estar empadronado y ser mayor de edad. Los clubes privados se consideran básicamente como un grupo de amigos que se juntan para cultivar y distribuir marihuana entre sí. No son establecimientos comerciales, pero proporcionan un lugar seguro para adquirir marihuana y disfrutar de un canuto en compañía. Mientras que los coffeeshops de Amsterdam pueden describirse como una experiencia de tipo minorista, los clubes sociales de cannabis son parecidos a un salón informal. Sus tamaños y formas varían, pero la esencia es siempre la misma: gente que se reúne para disfrutar de su amistad y buena marihuana.

EL MOVIMIENTO DEL CANNABIS EN ESPAÑA

En estos momentos, España se encuentra a la vanguardia de la legislación del cannabis en la UE. Si bien la marihuana no está permitida en áreas públicas y puede acarrear una buena multa, se puede fumar en casa y en los cada vez más numerosos clubes sociales de todo el país. Barcelona tiene una excelente reputación. La ciudad y sus alrededores son hogar de más de 300 clubes. Algunos clubes funcionan de forma velada y discreta, mientras que otros han dado un paso atrevido y se han trasladado a sitios más turísticos. Si bien no abren técnicamente para el turismo de cannabis, muchos clubes acogen viajeros a pesar de la legislación. Las leyes sobre los clubes de cannabis no son algo nuevo, se podrían considerar como lagunas en el código vigente. Éste exige que los clubes no tengan ánimo de lucro y que estén compuestos únicamente por miembros. Pero ¿quién dice que no se puede ser miembro por un día?

bilbao cannabis club españaEl modelo de club que forma parte del panorama de la marihuana en Barcelona se puede encontrar en todo el país. Bilbao también está avanzando en el mundo de la cultura del cannabis. Ha desempeñado un papel importante en la consolidación de los clubes de toda España. El CSC Kalamudia ganó lo qué probablemente fue la batalla legal más importante hasta la fecha en cuanto a clubes sociales de cannabis se refiere. Antes de florecer en los barrios de toda Barcelona, los clubes de cannabis recibieron multitud de críticas a finales del siglo XX. El CSC Kalamudia fue en primera instancia acusado de tráfico de drogas, pero fue capaz de demostrar que las cantidades cultivadas, que resultaron ser unas tres plantas por miembro, no infringían ninguna ley. Gracias al Tribunal Supremo y al CSC Kalamudia, el derecho a cultivar y distribuir cannabis entre los miembros de los clubes sociales se estableció con más firmeza.

LA REGULACIÓN Y LOS CLUBES SOCIALES DE CANNABIS

Aunque han transcurrido más de quince años desde que este club social de cannabis fue llevado a juicio, la propuesta del Ayuntamiento de Bilbao para regularlos de forma oficial es un gigantesco paso hacia la legitimación del movimiento del cannabis, en España y más lejos. En última instancia, lo que busca la ciudad es proteger los derechos de los clubes de cannabis a la vez que conserva el derecho del pueblo a reunirse y cultivar marihuana de forma colectiva. Este tipo de regulación no sólo protege el derecho a cultivar cannabis, también emite un claro mensaje a los políticos a nivel nacional de que los clubes de cannabis han llegado para quedarse.

EL CANNABIS EN EUROPA

La marihuana está adquiriendo un apoyo lento pero seguro en toda Europa. A pesar de haber sido minuciosamente criticado desde un punto de vista judicial, en Bélgica han abierto unos cuantos clubs de cannabis. Las leyes de este país se han relajado un poco y ahora toleran el consumo personal de marihuana, mientras que el gobierno ha declarado que permitirá la investigación de su consumo con fines medicinales. Y, aunque sigue siendo ilegal, en Praga también han aparecido pequeños clubes sociales de cannabis. Praga es otro ejemplo de ciudad cuyas políticas no se han puesto al día con la ley. Aunque sigue siendo ilegal, hay establecimientos en los que se puede conseguir un poco de cannabis y probarlo allí mismo.

La ola de aceptación de la marihuana que se está extendiendo por toda Europa es el resultado de décadas de frustración ante la prohibición. A medida que cambia la actitud hacia el cannabis, también lo hace la legislación. Con una nueva legislación, llega la legitimación. La despenalización de la marihuana demuestra que no se nos va a caer el cielo encima y que la sociedad no se quebrantará. Como nos muestran los florecientes clubes de cannabis, la gente se puede reunir para consumir marihuana de forma responsable. Gracias al éxito de los clubes sociales en sitios como Barcelona, veremos cómo otras ciudades europeas seguirán aceptando la cultura del cannabis.

 

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