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Por mucho que cueste creerlo, ya han pasado cuatro años desde que Colorado y el Estado de Washington aprobaron la legislación histórica por la que levantaban la prohibición del consumo recreativo de marihuana. Impresiona más aún pensar que hace poco más de dos años y medio, Colorado fue el primer estado del país en adentrarse en la ruta recreativa. Pasado el verano, el Estado de Washington se convertiría en el segundo.

Desde aquel entonces, los cambios en la reforma para la legalización no han dejado de sucederse.

No sólo la mayor parte de los estados norteamericanos (28 además del Distrito de Columbia) han aprobado ya algún tipo de legalización, sino que muchos otros países están siguiendo sus pasos.

¿Pero qué es lo que ha cambiado? A pesar de que, sin duda, la legalización ha empezado a colorear de verde el mapa terrestre, la batalla todavía se enfrenta a importantes desafíos en casi todos los frentes.

PUNTOS POSITIVOS

Sí, si vives en el lugar indicado, ahora ya puedes comprar cannabis legalmente. En Colorado, por ejemplo, el estado ha sido pionero en todos los terrenos, desde la regulación a la diversidad en la elección de productos. También parece que este estado se convertirá en el primero exceptuando Holanda en el que se experimentará con el modelo de los coffee shops siempre tan prometedor. Los bares y restaurantes de Denver lideran una batalla por la aceptación de un consumo más público que se ha ido volviendo más fuerte desde la legalización del uso recreativo allí.

La reciente victoria del "sí" en California también supondrá que todo el sector siga desarrollándose y profesionalizándose, incluso a un nivel que superará fronteras y se extenderá a otros países.

Desde la perspectiva del paciente, también supone que aquellos que sufren de enfermedades crónicas tendrán un mejor acceso a sus medicaciones. Incluso los veteranos de guerra, que se han visto en muchas ocasiones apartados de los movimientos por los derechos terapéuticos porque su sistema de salud depende del departamento federal, parece que por fin podrán acceder al consumo de la droga para tratar las secuelas que sus épocas de servicio han dejado en su salud.

La recaudación de impuestos se dispara. La investigación recibe financiación. Los arrestos racistas por la posesión de marihuana (en los Estados Unidos) están disminuyendo. Incluso muchos supuestos argumentos en contra de la legalización están demostrando ser falsos. El consumo entre adolescentes sigue siendo bajo (e incluso disminuye). Las detenciones por conducir bajo los efectos de la marihuana se están manteniendo estables, o hasta podrían estar descendiendo.

A nivel internacional, países enteros están tomando nota de la revolución que ahora mismo está claramente en marcha en los Estados Unidos y avanzando en ambos frentes, recreativo y terapéutico.

Es evidente que el genio verde ha salido de la botella. Y eso es positivo. Sin embargo, la batalla en realidad no ha hecho más que ponerse seria.

Cannabis in Washington

PUNTOS NEGATIVOS

Dicho esto, con todos los avances, también está claro que el inevitable "Imperio del Mal" está preparando una respuesta. Incluso cuando cuatro estados que ya han aplicado reformas recreativas y otros cuatro que ya han progresado en la terapéutica, ahora están planteándose ampliar las libertades de sus habitantes, el próximo fiscal general de los Estados Unidos (el senador Jeff Sessions) ha declarado que el cannabis es "peligroso" y que "las buenas personas no fuman marihuana".

Ahora mismo, el sector nacional de la marihuana está preocupado. A pesar de la política de "no intervención" en este sector con la administración de Obama (al menos durante los últimos años) no hay indicios de que esto vaya a continuar siendo así con Trump. Esto tendrá consecuencias que van desde la ralentización de la reforma federal hasta la reanudación de las redadas incluso sobre negocios y consumidores legítimos en los estados donde su situación es legal.

Más allá de las acciones de la administración federal entrante, no todo va exactamente sobre ruedas en el mundo de la hierba. Estos problemas no harán más que acentuarse con el previsible fracaso del gobierno federal para ampliar la protección del sector a nivel nacional (o al menos en forma de desregulación).

REGULACIÓN Y CONTROL

Mientras la regulación de todo el sector ha ido tomando cada vez más forma, los numerosos problemas de los Estados Unidos achacables a la ausencia de reformas federales, todavía están presentes en los países donde la legalización ya se ha producido. Esto va desde cuestiones en torno a la producción hasta el etiquetado. Las retiradas de productos del mercado, aunque no han sido habituales, se han repetido con una frecuencia suficiente para preocupar a muchos consumidores, tanto recreativos como terapéuticos. El uso de pesticidas u otros contaminantes detectados en concentrados y productos comestibles es sólo una muestra de ello.

Aunque es probable que la industria de California incline la balanza hacia el lado positivo, la falta de supervisión federal supone que muchos problemas latentes reciban poca atención incluso estando legislados estatalmente. Por no hablar de la situación de desamparo para quienes se enfrentan a los mismos problemas en otros estados.

ACCESO LIMITADO PARA LOS PACIENTES

Aunque en ciertos estados esto no es una cuestión preocupante, los pacientes también están experimentando ciertos problemas con la legalización y la regulación. Si bien es verdad que no ocurre en todas partes, la situación dista mucho de ser idílica.

Esto queda manifiesto en Washington más que en ningún otro lugar, donde todo un sector legal se ha visto ahogado por una regulación recreativa que ha llevado a muchos dispensarios al cierre o les ha forzado a integrarse en establecimientos enfocados al uso recreativo.

Los productos también se han encarecido con el aumento de la regulación, haciendo que un sector de la población en muchas ocasiones con ingresos bastante bajos no pueda tener acceso a ningún tipo de reembolso del importe de sus medicaciones con sus seguros de salud. Todo porque el gobierno federal aún no ha reclasificado la droga.

A mismo tiempo que algunos estados también avanzan hacia la regulación de un modelo recreativo, o que estados como Minnesota y Nueva York implantan programas estrictamente terapéuticos, el acceso a la distribución legal sigue siendo para muchos pacientes un enorme obstáculo a nivel logístico. En los Estados Unidos, donde el transporte público fuera de las principales ciudades es muy limitado, en especial en las regiones más rurales, los pacientes se ven forzados a conducir muchos kilómetros para ver a sus médicos y conseguir su medicación.

Cannabis USAY aunque (todavía) no se ha desatado el clamor popular por la creación de bases de datos en todos aquellos estados donde se han implantado programas medicinales, la descarada falta de respeto por cualquier tipo de derecho civil (como la privacidad) de los pacientes, será correspondida por la nueva administración federal. El gobierno de Trump manifestó su intención de establecer y controlar bases de datos nacionales con la finalidad de observar aspectos religiosos. En este sentido, hay muchos motivos para la preocupación, empezando por la discriminación laboral. En la actualidad, esto todavía es una cuestión muy olvidada en todo este debate. Dado que la ley federal de los Ciudadanos Americanos con Discapacidades fue aprobada con apartados específicamente redactados para proteger los derechos laborales de discapacitados que usan la marihuana como tratamiento, ningún estado que la haya legalizado ha implementado ninguna legislación para proteger esos derechos.

UN FUTURO MÁS BRILLANTE

El mercado americano, con todo, sigue siendo en este momento el único lugar donde las nuevas reformas traspasarán los límites del debate y la innovación. Hay varios factores para la esperanza en este sentido. Canadá, que instaurará la reforma federal recreativa el próximo año, es uno de esos factores. No sólo se convertirá en la economía más avanzada del mundo donde el consumo de marihuana es legal con cualquier finalidad, sino que está provocando el debate internacional, en cierto modo más incluso que los progresos de los Estados Unidos. Estamos hablando de que la marihuana terapéutica para los pacientes estará cubierta o de que hayan decidido desafiar las normas de comercio internacional al exportar el producto a otros países.

En consecuencia, el panorama para la investigación también parece muy prometedor, especialmente considerando las reformas terapéuticas en marcha en Australia y Alemania.

Lo que todo esto significa, sin embargo, es que la legalización es ya una conversación muy arraigada y extendida que no tiene vuelta atrás. Que la situación internacional en estos momentos sea ésta, tras apenas cuatro años (dos en realidad, si empezamos a contar cuando el mercado arrancó en Colorado), es una victoria a la que no hay que quitar méritos.

La velocidad a la que las reformas avanzarán, sin embargo, dependerá directamente de la determinación de quienes están luchando por la causa hasta llevarla a su final más lógico: el día en que cualquier persona en su sano juicio que necesite o quiera consumir marihuana tenga la libertad para hacerlo y, por supuesto, no sea castigada por ello.

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