Varios estados de los EE.UU. reconocen el potencial terapéutico de la planta del cannabis y ofrecen a sus ciudadanos la alternativa de obtener productos cannábicos para fines medicinales y en algún caso también recreativos. En estados como Alaska, Arizona, California y Colorado se aplican políticas bastante permisivas respecto a la planta y a su consumo para tratar ciertos problemas de salud.

Sin embargo, este planteamiento no se da en otros estados, ni en el propio gobierno federal. De hecho, la Administración para el Control de Drogas del país sigue considerando la droga como categoría 1, lo cual implica que el cannabis presenta un alto riesgo de abuso y carece de valor medicinal. Además de resultar tremendamente opresiva, esta clasificación también contradice gran cantidad de publicaciones científicas que claramente muestran el enorme potencial de la marihuana y sus compuestos activos para aplicaciones médicas.

Aún más sorprendentemente, la Administración para el Control de Drogas también ha incluido los extractos con CBD como sustancias de clasificación 1. A pesar de que el CBD no es psicoactivo, se trata de un compuesto extremadamente seguro y sin riesgo de abuso y además ha demostrado contribuir positivamente al tratamiento de multitud de problemas de salud, como ataques epilépticos entre otros.

aceite CBD

REFUGIADOS DE LA MARIHUANA

Dado que muchos estados del país comparten la posición del gobierno federal respecto al cannabis, algunas familias se han visto obligadas a tomar medidas desesperadas para poder ofrecer a sus niños la medicina cannábica que necesitan para tratar o aliviar sus enfermedades. Estas decisiones incluyen tener que dejar su hogar y cruzar las fronteras hacia otros estados para poder comprar legalmente la medicina que necesitan en una jurisdicción donde esté permitida.

La historia de Austin es un ejemplo de este fenómeno. Desde que era pequeño Austin padece el síndrome de Dravet, un tipo de epilepsia grave. A los 4 años sufría una gran cantidad de ataques todos los días y tomaba dosis de fármacos considerables con la esperanza de poder controlar su enfermedad.

Sin embargo, en diciembre de 2014, Austin y su madre se marcharon a Colorado intentando buscar cannabis como tratamiento para su epilepsia. Tras consumir extractos tanto con THC como con CBD, los ataques de Austin se redujeron drásticamente y los que todavía sufre son mucho más breves.

La madre de Austin, Amy, que desde entonces fundó la organización American Medical Refugees, declaraba a ATTN: "Irías a donde fuese, harías lo que fuese y probarías lo que fuese. Durante años y años probamos fármacos que sabíamos que podían matar a nuestro niño, que sin duda tenían efectos secundarios horribles y que básicamente nos arrebataron la personalidad y la felicidad de nuestro hijo".

CIENCIA E HIPOCRESÍA

Lo más espantoso de esta situación es que quienes realmente necesitan consumir esta medicina sean vistos como delincuentes peligrosos por el gobierno federal y los estados donde viven. Sin embargo, cuando se tiene en cuenta la cantidad de evidencias científicas que sugieren que el cannabis es una poderosa herramienta para aliviar y combatir la epilepsia, podría pensarse que los verdaderos criminales en este caso son los organismos políticos que prohíben el acceso a esta medicina eficaz.

Un estudio titulado "Ensayo con cannabidiol para síndrome de Dravet farmacorresistente" en la Revista de Medicina de New England concluye que "entre los pacientes del síndrome de Dravet, el cannabidiol consiguió una mayor disminución de la frecuencia de ataques y convulsiones que el placebo y se asoció con una probabilidad de efectos adversos superior".

cannabis medicinal

UN CAMBIO DE RUMBO

Aunque se trata de una situación horrible, todavía queda lugar para la esperanza de que surja la empatía. El gobernador republicano de Georgia, Nathan Deal, aprobó una ley en 2015, la Ley Haleigh's Hope, que recibe su nombre en honor a un niño que sufría epilepsia y tuvo que mudarse a Colorado para conseguir cannabis legalmente. Esta ley le permite volver a casa si lo desea, mientras puede seguir consumiendo variedades de marihuana y aceites con bajas concentraciones de THC para tratar su enfermedad. Es un ejemplo de cómo lentamente la presión va cambiando las leyes estado a estado, y sin duda seguirá haciéndolo en el futuro.

 

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